Entre la música y la terapia

La música es un código entre el emisor y el receptor que tiene ventajas o desventajas, dependiendo de las circunstancias. Si un ritmo me parece gratificante, voy a tener una respuesta positiva. Pueden producirnos nostalgia, alegría, tristeza o cualquier estado de animo acorde con el ritmo.

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Estás triste y quieres música que acentúe la aflicción. Cambias de emoción y prefieres melodías que exalten la alegría. Necesitamos la música y está más que comprobada la relación que existe entre las notas y los estados anímicos, así como su capacidad para facilitar el tránsito de una emoción a otra. Incluso el ruido tiene esta habilidad.

Miguel Suárez Russi, representante de la Facultad de Medicina de la misma universidad, invita a reflexionar sobre los escenarios y situaciones en los que se podría utilizar.

musicoterapia

"En la musicoterapia se improvisa, recrea, interpreta y compone. La metodología también incluye la lectura del lenguaje corporal. Por ejemplo, en un ejercicio interpretativo la persona canta una canción que conoce y el musicoterapeuta le pide que cambie la letra, obligándola a crear un texto que, en últimas, refleja lo que sucede en su interior. O, a través de la improvisación, una persona puede dar a conocer sus estados de ánimo por la forma en que golpea un tambor."

El uso de la música como terapia no es nuevo. Hace años que médicos y psicólogos recurren a ella para tratar a sus pacientes. Las melodías no son la pauta terapéutica básica ni exclusiva, pero sí una potente ayuda. “Empezamos conociendo al paciente y sus gustos musicales”, señala Cristina Rubio, psicóloga y miembro del Grupo de Trabajo de Musicoterapia del Col·legi

Con información del Espectador


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